Místico,
ya no hay nada que merezca esta palabra.
Fuiste devoto de mi nombre,
santo en éxtasis
ya no hay nada que merezca esta palabra.
Fuiste devoto de mi nombre,
santo en éxtasis
que eleva su espíritu redimido,
comulgando cada noche
el verbo de mi boca.
Nací cuando llegaste
con tus palabras de enamorado.
el verbo de mi boca.
Nací cuando llegaste
con tus palabras de enamorado.
Abriste mis ojos
con el aliento divino
con el aliento divino
que emanaba tu deseo,
recibiendo de ti
lo que nunca me fue dado.
Cambiaste la dirección de mis pasos
y, como una niña,
recibiendo de ti
lo que nunca me fue dado.
Cambiaste la dirección de mis pasos
y, como una niña,
fui descubriendo caminos,
de tu corazón, inexplorados.
El celador de mis actos,
de mis pensamientos y sueños,
el que sufría las horas coleccionando relojes
que ,a sabiendas o no,
marcaban el resto de su existencia.
El que tanta huella dejó en mi
ya no despliega sus alas
El celador de mis actos,
de mis pensamientos y sueños,
el que sufría las horas coleccionando relojes
que ,a sabiendas o no,
marcaban el resto de su existencia.
El que tanta huella dejó en mi
ya no despliega sus alas
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