La vida merienda pan con chocolate
cuando pronuncio su nombre,
y entonces
los chavales que juegan con la muerte
no tienen más remedio que volver a casa
y esperar,
esperar como luciérnagas
a que caiga la noche.
Cuando pronuncio su nombre,
exclusivamente,
me siento recitar,
y recito con los ojos hinchados de silencios
desde la discordia sigilosa
de los cuerpos celestes,
desde la atracción psíquica
de la unidad.
Los muchachos hacen trenzas clandestinas
con el aliento del tiempo,
y es cuando la vida
sólo es una señora en exceso maquillada
sin claridad ni expresión,
una mediocre licencia,
un permiso de residencia
en una excrecencia mohína.
Cuando pronuncio su nombre
no le hago regresar;
y como inexperta poeta
declamo
donde debería bramar,
maldecir y reprobar
a esta puta vida que viene a merendar
pan, chocolate y su nombre en mi oquedad.
cuando pronuncio su nombre,
y entonces
los chavales que juegan con la muerte
no tienen más remedio que volver a casa
y esperar,
esperar como luciérnagas
a que caiga la noche.
Cuando pronuncio su nombre,
exclusivamente,
me siento recitar,
y recito con los ojos hinchados de silencios
desde la discordia sigilosa
de los cuerpos celestes,
desde la atracción psíquica
de la unidad.
Los muchachos hacen trenzas clandestinas
con el aliento del tiempo,
y es cuando la vida
sólo es una señora en exceso maquillada
sin claridad ni expresión,
una mediocre licencia,
un permiso de residencia
en una excrecencia mohína.
Cuando pronuncio su nombre
no le hago regresar;
y como inexperta poeta
declamo
donde debería bramar,
maldecir y reprobar
a esta puta vida que viene a merendar
pan, chocolate y su nombre en mi oquedad.
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| Ilustración de Beatriz Martín Vidal, Valladolid 1973 (España). |
