Aunque ya sólo tengas nombre
y tu cuerpo sea el salobre
residuo de las llamas,
yo sé
que aún me amas.
Aunque tu voz sea sólo el brillo
del blandir de mi cuchillo
o de una onda sobre al agua,
sé
que aún me amas.
Aunque ya no exista el tiempo
ni de tus caricias ni de mis besos,
ni de las pláticas enamoradas
yo sé
que aún me amas.
Aún me amas,
porque te asomas a mi alma
y desordenas la lana
de mis corderos al alba,
esos, que cuando los llamas,
quieren ser tu voz, tu nombre y tu ánima,
esos que tanto te aman
aunque la muerte sea tu dama.
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| Óleo de Vito Campanella, Italia 1932, vive en Buenos Aires desde 1955. |
