Ya me voy,
la ola de la ingravidez
atardece
y temo,
temo sujetarme,
poner los pies en el suelo
y dejar de flotar
a mi antojo.
Por eso me voy.
Me voy y cierro la vida
como el que cierra los ojos
ante un precipicio
inmenso,
un absorbente acantilado
silencioso
que grita su nombre
y el de todo aquel
que se asome más allá
de lo profano.
Me voy
para no perder la fe
y seguir creyendo
que aún existe el ser humano,
que no sólo es una alegoría,
un pensamiento trivial
mecido por la ignominia,
sino una energía,
una acción,
una integridad.
Ya me voy,
no se de el caso
que me pueda equivocar.
la ola de la ingravidez
atardece
y temo,
temo sujetarme,
poner los pies en el suelo
y dejar de flotar
a mi antojo.
Por eso me voy.
Me voy y cierro la vida
como el que cierra los ojos
ante un precipicio
inmenso,
un absorbente acantilado
silencioso
que grita su nombre
y el de todo aquel
que se asome más allá
de lo profano.
Me voy
para no perder la fe
y seguir creyendo
que aún existe el ser humano,
que no sólo es una alegoría,
un pensamiento trivial
mecido por la ignominia,
sino una energía,
una acción,
una integridad.
Ya me voy,
no se de el caso
que me pueda equivocar.
![]() |
| Deciduous man de Frank Picini, ilustrador digital de New York (USA). |
