No recuerdo los años que llevo en este mundo
en el punto de inflexión resucitado,
mascarada del inframundo,
sonrisa de guadaña sin galvanizado
en esta matriz preñada de amor profundo.
Perdimos hijos por inconscientes
y a veces me pregunto si perdimos el valor
en el cielo de los irreverentes.
Busco, en un claroscuro de ausentes,
remedio vano donde ocultar ese dolor.
A la mezquindad dadle la sopa caliente,
versos que no penetren la mente,
filósofos carentes de filantropía
que sodomicen su entropía
con erotismos de sabor recurrente.
A este mundo no le interesa la humanidad.
Continuamente hay éxodos
oxigenando su voracidad,
se mueve entre la solidaridad,
comúnmente, de asépticos lodos.
en el punto de inflexión resucitado,
mascarada del inframundo,
sonrisa de guadaña sin galvanizado
en esta matriz preñada de amor profundo.
Perdimos hijos por inconscientes
y a veces me pregunto si perdimos el valor
en el cielo de los irreverentes.
Busco, en un claroscuro de ausentes,
remedio vano donde ocultar ese dolor.
A la mezquindad dadle la sopa caliente,
versos que no penetren la mente,
filósofos carentes de filantropía
que sodomicen su entropía
con erotismos de sabor recurrente.
A este mundo no le interesa la humanidad.
Continuamente hay éxodos
oxigenando su voracidad,
se mueve entre la solidaridad,
comúnmente, de asépticos lodos.
Vivimos de imaginarios hipnóticos,
señales de humo del péndulo de Galileo,
vaivenes que confunden a Teseo
en faustos mares laberínticos,
ardientes bosques de deseo.
No hay calor en las horas venideras
ni en las cenizas de algo que fue y no era,
el mundo es frío y oscuro tras las vidrieras.
Luminarias que de soslayo vierten la cera
iluminan el enredo de mis enredaderas.
señales de humo del péndulo de Galileo,
vaivenes que confunden a Teseo
en faustos mares laberínticos,
ardientes bosques de deseo.
No hay calor en las horas venideras
ni en las cenizas de algo que fue y no era,
el mundo es frío y oscuro tras las vidrieras.
Luminarias que de soslayo vierten la cera
iluminan el enredo de mis enredaderas.
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Juego mágico de flores (1941) de Dorothea Tanning. Illinois (EEUU). |
