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Incongruentes

Las incongruencias aprenden
con los años,
con la fresca neblina de la indiferencia,
a sujetar lunas en los aleros
de finas membranas perforadas;
pero hoy no les voy a decir
lo que quieren oír,
ni les voy a enseñar
lo que quieren aprender.

Tengo hijos e hijas
que no son mi santa trinidad
sino efímeras controversias
regaladas a la suerte
de un papel y un carbón,
años inventando el qué,
el cuándo y en qué lugar,
años reduciendo a "jíbaros"
al tamaño del punto y final.

Hoy no quiero que mis niños
se porten bien.
Hoy no quiero que me pidan
la leche con la que les amamanté,
ni bajarles esas lunas
que ellos sujetan con los pies.
Hoy quiero que escupan fuego,
que me hagan arder
en el invierno que creé.

Incongruentes, les llamo,
vástagos que brotan de la razón,
fierecillas que carcomen
el telar que los fabricó,
sin sentidos consentidos
que esperan que su madre
les haga un hueco en el corazón.
Así es este parentesco
entre los versos y mi yo.


"El espejo del alma", obra al óleo y espátula de Memé Guiot. 
Valencia (España)