Elegiste el mes séptimo para iniciar un viaje sin retorno,
tú que preparaste las maletas muchos años antes
¡y mira que fatalidad!
te fuiste desnudo
sin más abrigo que el de mis ojos que te vieron partir.
Seco mis lágrimas día tras día con el mismo pañuelo,
el que trajiste escondido cuando viniste a mí.
Todo empezó mucho antes de que me diera cuenta.
tú que preparaste las maletas muchos años antes
¡y mira que fatalidad!
te fuiste desnudo
sin más abrigo que el de mis ojos que te vieron partir.
Seco mis lágrimas día tras día con el mismo pañuelo,
el que trajiste escondido cuando viniste a mí.
Todo empezó mucho antes de que me diera cuenta.
Aunque ya no duermas a mi lado
duermes dentro de mi,
en la densidad de mi sangre,
en mis ojeras que son cuencas horadadas
por un río interminable y salvaje que nunca decrece
porque nació con el sopor y el llanto del amor que duele,
ese que no te deja vivir y provoca ansiedad,
el que derriba murallas y golpea cimientos
desatando huracanes de locura.
Tú me acercaste a Dios
duermes dentro de mi,
en la densidad de mi sangre,
en mis ojeras que son cuencas horadadas
por un río interminable y salvaje que nunca decrece
porque nació con el sopor y el llanto del amor que duele,
ese que no te deja vivir y provoca ansiedad,
el que derriba murallas y golpea cimientos
desatando huracanes de locura.
Tú me acercaste a Dios
por obra del amor infinito y transgresor,
pero ya no sé si este Dios nos ama
o nos desprecia.
Nos amó quizá
cuando nos amamos,
y durante tres lastimosos años
te tuvo entre lo vivo y lo muerto
sin querer dejarnos
pero alejados de su lado.
La sabiduría humana, divina en el ser,
te abrió una puerta a través de otro que cerró la suya;
pusimos esperanzas a una imaginación poderosa,
una fe de vida que se nos ha ido de las manos.
Mi amor es un final no deseado tras una urna de cristal.
pero ya no sé si este Dios nos ama
o nos desprecia.
Nos amó quizá
cuando nos amamos,
y durante tres lastimosos años
te tuvo entre lo vivo y lo muerto
sin querer dejarnos
pero alejados de su lado.
La sabiduría humana, divina en el ser,
te abrió una puerta a través de otro que cerró la suya;
pusimos esperanzas a una imaginación poderosa,
una fe de vida que se nos ha ido de las manos.
Mi amor es un final no deseado tras una urna de cristal.
