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No quise, no quiero.

Me paralizó el miedo
y no quise creer lo que era inminente.
Y tú, tan niño y tan consciente,
no hacías más que divisar buitres
sobrevolando tu suerte.

¡Amor mío,
cuanto dolor ha soportado tu corazón!

Siempre supiste lo que yo ignoraba,
tus esquemas se alteraban
con solo imaginar que no me observabas
y, sin piedad, descomponías la materia misma
de la que estaba formada la sólida muralla
de nuestra fortaleza anacarada.

En verdad fuiste un genio,
me otorgaste todos los deseos que pedí.

He sido dueña y esclava,
amiga y enemiga,
ruido y silencio,
palabra de tu boca y
en mi boca tu nombre
un burbujear que llenaba
de savia fresca mi existencia.

Necesito seguir amándote,
fue lo más valioso que me enseñaste.

No quiero aceptar lo que hay,
no quiero;
ayúdame a encontrarte
donde siempre te busqué.

¡Amor mío, 
cuanto dolor ha soportado tu corazón!
¡Amor mío, 

cuánto dolor he de soportar yo!




Pintura acrílico de Jo Joosten, 1956 Bélgica.