Sólo soy un aprendiz
de las arrugas de tu rostro
cuando ríes,
cuando lloras,
cuando el dolor te somete
y callas tu lamento
subterráneo
aquí,
en la profundidad de mis manos
que son torpes,
que a veces no saben sostener
el aire que estremeces,
ese aliento
de tu última boca,
la sombra de esta angustia
que no deja de revelarme cuanto te amé,
cuanto te sigo amando.
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| Pintura de Eduardo Naranjo, España. |
