Si alguna vez pude ocultarte
la vergüenza de mi pecho
no me creíste,
pensaste en sólo aquella gota
tremendamente austera de mi pelo
y no me creíste.
Ahora te lo estoy contando,
y no me crees.
Ahora te estoy entregando todo lo perdido,
y no me crees...
Allí quedaron las hojas grandes,
adormecidas por el otoño vago.
Allí quedaron las cartas
que no leíste, la venganza,la gota
y todo lo que te voy contando.
Aquí, solo yo.
Hundida en el silencio de esta mesa,
relajada sin el éxtasis de tu orquesta,
tenebrosa y dando a luz
al hijo de la muerte temprana,
el que controla los movimientos de la noche
y asusta a los sonidos primaverales.
Y recuerda
que si alguna vez te compuse unos versos
no me creíste.
(Para aquellos tiempos inútiles)
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| Madeline von Foerster, San Francisco, U.S.A 1975. |
