La tortuga amarilla tardó varios años en cruzar mi vida
y con su tono traidor alejó de mí la verdad.
Lo verde era olvido y el corazón no era nada
en estos años de compañía tan vaga;
el cielo,
con su encantador bigote de algodón,
decoraba los sueños de un otoño dormilón.
Siempre esperaba respuestas
pero el tiempo enterró las hojas en un cajón
y ahora solo queda esto:
un armario, una cama, tres retratos
y aquel recuerdo que me dejó
la amiga dorada del caparazón.
-1980-
Recuerdo de una enfermedad de mi niñez.
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| Catrin Welz Stein, Alemania. |
