La noche se caía sombreando el muro
con un blanco helado
que amenazaba,
que cortaba la sangre,
que agazapado entre grietas
sudaba malas hierbas y gris.
La noche se caía rozando la tarde
que se quedó en la orilla
con las ondas largas,
vaivén de risas de violines mancos,
olor en tierra de otros páramos.
