Este incorrupto amor que florece
pendiente de las frágiles ramas de la melancolía,
sin la gravedad
de la manzana podrida,
ha descubierto que en tu voz
no hay lejanía
sino laberintos angostos
que flotan en mis jardines,
donde tus palabras reverberan
los pasos de tu entramado destino.
A veces sola
y nunca perdida,
sola, únicamente,
me siento a la luz y solo eso,
solo esperar el tiempo que vendrá luego.
