Se agota la benevolencia de los oídos suspendidos...
Algunos callan
teniendo su tejado
inundado de palabras.
Otros hablan
y se convierten
en pájaros intempestivos,
revolotean y no callan
pereciendo en los ombligos.
Hay quien murmura,
esos no tienen cura.
Están también los que gritan,
proclamadores en ristra,
socios de una garganta
operada de afonías.
Los hay que oran,
repitiendo plegarias
que a nadie estorban;
de estos mismos los hay
que prorrumpen,
siendo cola de escorpión,
veneno entre los dulces.
Ciertos, dicen,
que no se abstienen
los que dialogan en su mente,
que la quimera les puede;
son peces que se resbalan,
ángeles que nadie quiere.
Aquellos de allí
son calumniadores,
susurradores ocultos,
recitadores transversos,
ácidos esperpentos
vociferando cemento.
Yo soy de los que escriben,
escuchando a los que callan
sin entender a los que hablan,
huyendo de los que murmuran
sin olvidar a los que gritan.
Versifico al orar y
prorrumpo sin altar,
recito a los que dicen
para buscar a los que dialogan,
retando a los encofradores
que me quieran encontrar.
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| Duy Huynh (Mistakes Are The Portals Of Discovery, 2013 |
