Después de todo
sigo siendo el rincón de vidrio,
la esférica forma de las cosas;
piedra que golpea la pared desnuda.
Hablar de ti,
es rozarse los nudillos en las esquinas,
penetrar en el blanco enlucido.
He caído del delirio.
Arrancando las pupilas del absurdo
he frenado la mente tantas veces como noches.
Criaturas de piel acercándose,
puertas que no existen
abriendo y cerrando la quimera.
Día a día la inapetencia,
cada ojo odiándose las lágrimas...
Ahí estás tú,
callándolo;
el mar aún retrasa su viaje.
La derrota siempre me llega a escondidas
y no cuando uno u otro
soportaba lo inexplicable.
Dos seres en desbandada
huyendo de la asfixia.
Yo era el rechazo voluntario,
la espuma de los besos.
Vuelves tarde pero aún es tiempo de golpear las teclas,
de hacer borrones,
de levantar la cabeza ante las palabras.
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| Pintura de Siegfried Zademack, Alemania 1952. |
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